Mi padre, que era de pueblo y acostumbrado a hacer la matanza del cerdo cada año, cuando se caso y se fue a vivir a Valladolid, donde yo nací,
no se conformaba con enviar el cerdo al matadero, solución, matarlo en casa.
Cada año,cuando llegaba el invierno,siempre en el mes de Enero. El dia señalado teníamos que madrugar toda la familia, (cada uno tenia una pequeña responsabilidad),con el fin de que cuando el animal empezara a gritar los vecinos no se enteraran y pudieran denunciar.
Mi padre era el que sacrificaba el animal, mi madre movía la sangre para que no se coagulara y poder hacer las morcillas, los demás sujetábamos el bicho para que no se moviera demasiado.
El resto era una gran fiesta, los dos dias que duraba la matanza, probando el "mondongo" haciendo los chorizos que después me ponían en la manteca y servían para todo es año.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada