LA BENDICION DE LA MESA DE POSTGUERRA (por Carmela A.)

Eran los años 40 y 50 y alguno más
Como se sabe, fueron años duros y de muy poquitos recursos, había quien cogía las pieles de las naranjas y de las patatas, las limpiaban y las freían para dar de comer a los niños.
Mi Padre, hombre trabajador, por tanto de los “perdedores”, por tanto rojo y vigilado, nunca perdía el humor, como buen sevillano que era, siempre que llegaba la hora de comer, nos decía: Niñas, vamos a bendecir la mesa” ( he de decir que el pan que comíamos los trabajadores, era hecho con harina de algarrobas, mezclada con otros tipos de harinas, como la de la chicoria, y otras que ahora por fin voy olvidando.) Como teníamos que ir a buscar el pan para los “señoritos”, y así ayudar a que mi madre acabara antes la faena, nos daba rabia tener que comprar pan blanco, o sea pan de harina de trigo, y pan “moreno”, que era el que nos tocaba comer a nosotros.
Bueno, vamos con la bendición de nuestra mesa, decía mi padre: Niñas! Quien tiene la culpa de que nosotros no podamos comer pan blanco?. Entonces las tres chiquillas que éramos, cerrábamos los puños, los poníamos encima de mesa, y repetíamos dando tres golpes: ¡Franco, Franco, Franco!!!. Y mi padre decía ¡Ea!, ya podéis empezar a comer!!!.
Otro: Los chiquillos en las plazuelas, nos reuníamos a jugar a cantar, a charlar… pero antes que todo, teníamos la siguiente consigna:
“El que tenga un jamón en casa, que lo esconda que lo guarde, que si no viene el “Gallego” Franco, y se lo lleva y se lo lleva”. (era una cancioncilla de la época, a la que nosotros le cambiamos la letra por la que acabo de escribir) A veces éramos atrevidos y decíamos Franco, pero los mayores nos reprimían, y nosotros aceptábamos, porque si algún infiltrado, (que siempre los había) se chivaba, nuestros padres iban a la cárcel por educarnos mal, por eso solíamos decir el “gallego”